Reflexionando como estoy acerca de estos días de campaña electoral, no puedo estar más satisfecho y orgulloso de la notoriedad alcanzada por mi profesión, la de
trabajador social.
Esta vez no han sido los pilotos de avión, o los conductores de autobús, o los médicos. No, hemos sido nosotros. Nosotros, a los que muchos despectivamente nos llaman "asistentes", hemos competido duramente con los grandes prohombres de este país, los constructures, por alcanzar la cima de la profesión que más influye en campaña.
Los trabajadores sociales también tenemos funciones en prisiones y residencias de mayores, pero de momento, no hay constancia de nuestra cada vez mayor influencia
en Outeiro de Rei (Lugo).
Les ayudamos a que coman, les cuidamos, les prestamos servicios de educación o de limpieza. ¿Y así nos lo pagan? Se merecen que votemos por ellos, por ignorantes, por débiles, por impedidos y por pobres.