Esta semana he dejado un poco abandonado el blog. Los exámenes y el trabajo se me han juntado con llegar a la final de la liga con el equipo que entreno.
Cogí a los chicos cuando alguno de ellos aún no había cumplido los 7 años, y 8 temporadas después, dejo un grupo fantástico de jovénes de 16.
Era la primera vez que llegábamos a una final de algo, y dado que iba a ser el último año que estábamos juntos, nos pusimos como objetivo intentar llegar a donde hemos llegado. Tras una temporada bastante buena (primeros de nuestro grupo y con sólo dos partidos perdidos), ganamos con bastante claridad las semifinales y hemos estado toda la semana preparando la final de hoy. La frase que titula este post es con la que comencé el entrenamiento del viernes, y pretendía resumir el mensaje que quería transmitirles para llegar en condiciones de competir con garantías.
Ha venido mucha gente a ver el partido: ex-jugadores, amigos, familiares, compañeros de clase... Incluso se han traído un bombo y nos han estado animando durante todo el partido. Ha sido muy bonito ver como mucha parte del
colegio se han volcado con nosotros. Siempre me he sentido muy querido y respetado y la culpa fundamental de ello la han tenido los padres de los jugadores que han sabido crear un ambiente favorable para poder desarrollar mi tarea (deportiva, pero educativa por encima de resultados o cosas de éstas. Y mira que me jode perder).
Hoy dejo de ser el entrenador de Jorge C., Javi, Alberto A., Jonny, Aitor, Jorge S., Alberto H., Gonzalo, Pablo, Adrián y Cristian. A la mayoría los he visto crecer desde niños y espero que encuentren en mí un amigo. Como sé que a partir de ahora nos veremos bastante menos, espero que os vaya muy bien en la vida.
Lo que he vivido hoy ha sido muy especial para mí (por cierto, aunque no era lo más importante, hemos ganado) y me apetecía compartirlo con vosotros.
Próximamente os colgaré algún trocito del partido y de la celebración de después (ducha al entrenador incluida).